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Estoy que me caigo

(10-03-2010)


Siempre nos han dicho que para estar a tono debemos dormir ocho horas al día o que, de lo contrario, podríamos sufrir unos cambios de humor que ni Mr. Hyde. . . Pero, en realidad, no hay un número de horas que aseguren nuestro descanso total porque cada persona tiene sus necesidades; y estos requerimientos varían a lo largo de la vida. ¿Por qué, si no, antes podías salir los jueves y seguir la juerga con estudios o trabajo y ahora ni siquiera te lo planteas? Porque tu calidad de sueño ha ido empeorando con el paso del tiempo. Vamos a ayudarte a dar el cambio.

1. La rutina es buena. Intenta acostarte y levantarte siempre a la misma hora, incluso los fines de semana. Verás cómo, en poco tiempo, consigues despertarte sin necesidad de que suene la alarma del móvil, con tu propio reloj interno; y eso, después de haber dormido menos horas pero haberlas aprovechado mucho más.

2. Acuéstate temprano. El mejor sueño (en cuanto a calidad) se tiene entre las once de la noche y las dos de la madrugada, es decir, en el primer ciclo. Si puedes, te vendría bien reestructurar tu vida y acostarte un poco más temprano para aprovechar a tope esa franja del sueño.

3. Haz de tu cuarto un oasis de paz. Usa luces indirectas y pon las cosas en orden antes de acostarte. No dejes zapatos por el suelo ni ropa fuera del armario. Pero, sobre todo, deshazte o apaga los aparatos electromagnéticos (radio, televisor, teléfono, ordenador. . . ) que tengas en tu habitación, pues sus ondas interfieren en la calidad del descanso. ¿Otro truco? Usa sábanas de algodón y pon un saquito de lavanda en la almohada. No hace milagros, pero induce al sueño de manera natural.

4. Haz la digestión despierta. Cena al menos dos horas antes de acostarte. El menú ideal estaría compuesto de sedantes naturales, como espárragos blancos con queso y pavo cocido, acompañados de un vaso de leche tibia con miel y unas galletas. Estos alimentos tienen un inductor natural del sueño, que se llama L-triptófano.